EDUARDO BENOT. SU EXHUMACION EN EL CEMENETRIO CIVIL

D. Eduardo Benot Rodríguez
Político, Matemático, Filólogo, Pedagogo,
Dramaturgo, Poeta y Librepensador

★Cádiz, 26 de Noviembre de 1822
★Madrid, 27 de Julio de 1907

~ #necrológicasdelcivil ~
Por: Javier Jara 2024

«Los ilustres muertos del Cementerio Civil
despidieron con melancolía al inolvidable sabio D. Eduardo Benot»
Viernes 26 de enero de 2024
~ Cementerio Civil ~
Familiares y amigos, entre ellos su bisnieto Rafael Benot, digno portador del legado familiar, se congregaron alrededor del círculo mágico de la sepultura. La caja que alguna vez resguardó al ilustre patriarca había cedido al implacable paso del tiempo, convirtiéndose en polvo, pero los huesos de Benot, como fragmentos eternos, permanecían imperturbables.
Eduardo Benot, figura destacada de la generación del 68, sabio y maestro en diversas disciplinas, se erigía como un eco del pasado que resonaba en el presente. Su esencia librepensadora se percibía entre los presentes.
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Exhumación Eduardo Benot -26/01/2024- Cementerio Civil Foto:©JavierJara |
Con sumo mimo y respeto, los sepultureros recogieron los restos de Benot, depositándolos en una cesta de mimbre como si tejieran un tapiz de recuerdos. Este acto marcaba el inicio de un viaje de retorno, de la descomposición al renacer, de Madrid a Cádiz, donde descansará eternamente en el panteón familiar del cementerio de Chiclana. Un retorno que coincide poéticamente con el bicentenario de su nacimiento.
Entre los presentes, Cristina Keller, heredera de la estirpe de Arturo Soria y socia fundadora de la Asociación Cultural que celosamente custodia su legado, compartió con melancolía la entrañable amistad entre Benot y Soria. Al desvelar el anhelo final de Soria de descansar eternamente junto a su gran amigo, esa tierra sagrada se envolvió de un sentimiento de amistad que trasciende lo inmortal.
La ceremonia se completó con los restos de Benot, cuidadosamente resguardados en un pequeño arcón, listos para emprender el retorno a casa. La familia bañada en la satisfacción que otorgan los logros del corazón, cerró este emotivo acto con la certeza de haber honrado con amorosa devoción esta significativa tarea.

En el Cementerio Civil, un ilustre ha emprendido su adiós, dejando un eco de melancolía entre las piedras sepulcrales. Sus vecinos de ultratumba, como confidentes del silencio eterno, sienten la ausencia de quien fue parte de las historias enterradas en esta tierra sagrada. Su partida crea un vacío, un hueco que se expande entre los surcos de la memoria compartida. Sin embargo, la tristeza se torna en un suspiro de alivio al saber que regresa a su ciudad natal, donde los vientos de Cádiz susurrarán su bienvenida con la ternura de quien recibe de nuevo a su hijo pródigo. Así, la ciudad de los muertos pierde un ilustre, pero su retorno a casa resuena como un verso nostálgico, tejido en las fibras del tiempo y la eternidad.
Y nada más, lector amigo.
Javier Jara
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