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DOCTOR FRANCISCO LÓPEZ CEREZO ANDREU - HISTORIA NECRÓPOLIS


Dr. Francisco López Cerezo y Andreu
Médico militar, especialista en venereología
benefactor entregado a la asistencia de los desvalidos

 Ponferrada (León), 29 de enero de 1841   Madrid, 19 de febrero de 1910

NECRÓPOLIS DEL ESTE -CEMENTERIO DE LA ALMUDENA-
Cuartel 1 – Manzana 37– Letra C

Panteón funerario del doctor Francisco López-Cerezo y Andreu en el Cementerio de la Almudena en Madrid.
Sepultura Dr. Francisco López-Cerezo. Necrópolis del Este - Cementerio de la Almudena.
 Foto: Javier Jara

~ #necrológicas ~

La historia de la medicina española de finales del siglo XIX no solo se construyó en las academias, sino en el frente asistencial de los hospitales de beneficencia. Un exponente fundamental y trágico de este periodo fue el Dr. Francisco López-Cerezo y Andreu, médico leonés cuya trayectoria entrelaza la práctica clínica especializada, la divulgación científica y una profunda impronta social que le llevó a entregar su propia vida por sus pacientes.

Trayectoria y la "Sifiliografía Rítmica"
Tras ejercer en la medicina militar en su juventud, López-Cerezo consolidó su carrera en Madrid como médico titular del Hospital de San Juan de Dios de Madrid, la gran institución de referencia de la capital para el tratamiento de enfermedades venéreas y de la piel. En un entorno complejo y con recursos limitados, destacó por su carisma y su enfoque humanista hacia las clases populares desfavorecidas.

Su producción intelectual abordó la divulgación desde perspectivas inusuales. Su obra más heterodoxa, Sifiliografía rítmica (1905), es un valioso documento de la literatura médica de la época: un opúsculo científico redactado íntegramente en verso, concebido como herramienta pedagógica para concienciar sobre la sífilis. Asimismo, cultivó la historiografía con estudios académicos como su monografía sobre El General Ricardos y la campaña del Rosellón (1893).

Huella Literaria y Muerte en Acto de Servicio
La fuerte personalidad del doctor en las salas de San Juan de Dios no pasó desapercibida para los jóvenes intelectuales de la época. Pío Baroja, médico de formación, inmortalizó sus andanzas clínicas y anécdotas en su célebre novela El árbol de la ciencia (1911), dejando constancia de su carácter en la intrahistoria de las letras hispanas.

Sin embargo, el hito que define su legado es su trágico final. El 19 de febrero de 1910, el Dr. López-Cerezo falleció tras contraer tifus exantemático, una letal enfermedad infecciosa que contrajo directamente de los pacientes con esa sintomatología a los que atendía en el hospital durante un brote epidémico en la capital. Su fallecimiento causó una honda consternación social en el Madrid de la época, elevándolo al estatus de mártir de la profesión sanitaria.

Los Intentos de Homenaje en el Hospital y la Burocracia
El impacto de su pérdida movilizó de inmediato a su entorno más cercano. Tras su fallecimiento inminentemente en 1910, las clases más humildes y los enfermos desvalidos de Madrid promovieron una petición para dedicarle un recuerdo en el propio hospital, planeando un primer epitafio de un hondo lirismo poético: 

"Al Dr. Francisco López-Cerezo y Andreu su bienhechor, los enfermos desvalidos. Abnegación, ciencia, amor, patriotismo". 

Dos años más tarde, en 1912, la iniciativa tomó un carácter más íntimo cuando su hijo, Dionisio López-Cerezo, propuso formalmente costear por completo de su propio bolsillo la instalación de un busto conmemorativo en el mismo recinto hospitalario. Para esta propuesta, su hijo deseaba incluir una dedicatoria profundamente personal y afectuosa:

 "¡Que haya muchos como tú, padre mío!".

Sin embargo, debido a las complejidades administrativas y las demoras de las instituciones locales de la época, este proyecto de monumento nunca llegó a ejecutarse en las paredes del viejo edificio de San Juan de Dios.


La Resolución Familiar: El Monumento Funerario Actual
A falta de registros que detallen los motivos exactos de aquella cancelación, resulta lógico deducir que, ante las demoras o negativas de la administración, la familia decidió actuar por su cuenta para que su memoria no se perdiera. El destino final de esos esfuerzos fue el ámbito privado, donde costearon el imponente monumento funerario que hoy se conserva en el antiguo "Cementerio de Epidemias" Necrópolis del Este de Madrid, encargando la obra al reputado taller de mármol de los Hermanos Beltrán.

Sepultura Dr. Francisco López-Cerezo. Necrópolis del Este - Cementerio de la Almudena.
 Foto: Javier Jara

Este sepulcro familiar está coronado por un busto en mármol del doctor. Aunque la inscripción que finalmente se esculpió en la piedra no coincide con la redactada por los enfermos ni con la exclamación original de su hijo, mantiene intacta la esencia de reconocimiento y respeto a su sacrificio:

"Patriota, altruista, médico eminente. Dio su vida por la humanidad que sufre".

El Eco del Último Adiós: Una Manifestación de Duelo Nacional
Su sepelio, celebrado a las diez de la mañana del día posterior a su muerte, constituyó una verdadera manifestación de duelo transversal que evidenció el tremendo impacto de su pérdida. La comitiva fúnebre logró reunir a representantes de todas las esferas de la vida madrileña de principios de siglo: desde hombres de ciencia, literatos y periodistas hasta las clases populares a las que dedicó su carrera.

El acto fúnebre cobró una relevancia institucional de primer orden al estar presidido por destacadas autoridades del Estado, entre ellas el político Requejo, el periodista y político Francos Rodríguez, el presidente de la Diputación Provincial de Madrid y, de forma muy destacada, José Canalejas, presidente del Consejo de Ministros de España.

Las declaraciones recogidas en la prensa del propio Canalejas zanjan cualquier duda histórica sobre las circunstancias de su deceso, manifestando que acudía a presidir el entierro del doctor Cerezo "por haber muerto en el cumplimiento de su deber", tras haber contraído la enfermedad asistiendo a los tíficos del hospital de San Juan de Dios.

D.E.P.

Y nada más, lector amigo.

Javier Jara
Presidente Asociación Histórica Cementerios


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