Luis de Moya y Jiménez: el magistrado, poeta y masón del Cementerio Civil de Madrid

Luis de Moya y Jiménez
Magistrado • Jurista • Escritor

 Madrid, 14 de febrero de 1918

Separador decorativo

Cuartel 1 – Manzana 33– Letra A

#necrológicasdelcivil ~
Investigación de: Javier Jara
Sepultura de Luis de Moya Jiménez •Cementerio Civil• Foto: Javier Jara

Introducción

Pocas figuras del Cementerio Civil de Madrid reúnen una trayectoria tan rica y diversa como la de Luis de Moya y Jiménez. Magistrado, jurista, escritor y poeta, su vida transcurrió entre los tribunales de justicia, las páginas de periódicos y revistas, las instituciones jurídicas y los círculos intelectuales del Madrid de la Restauración. Su nombre, hoy apenas recordado, estuvo ligado durante décadas a algunos de los principales debates jurídicos, culturales y sociales de su tiempo.

Presidente de la Asociación de Funcionarios de la Carrera Judicial y del Ministerio Fiscal, profesor de la Real Academia de Jurisprudencia y destacado magistrado, Luis de Moya alcanzó un reconocido prestigio profesional. Sin embargo, mucho antes de consolidar esa brillante carrera judicial, había cultivado con éxito la literatura y el periodismo, llegando a dirigir publicaciones y a dar a conocer poemas y artículos que reflejan la amplitud de sus inquietudes intelectuales.

Su biografía no puede entenderse sin el ambiente en el que creció. Hijo de Francisco Javier de Moya y Fernández, abogado, escritor, diputado, fiscal y senador del Reino, heredó una sólida formación humanística y jurídica que marcaría el rumbo de toda su vida. Aquella tradición familiar de servicio público y compromiso con las ideas liberales se reflejaría tanto en su actividad profesional como en su intensa participación en la vida cultural y asociativa de su época.

Su pertenencia a la masonería, su estrecha relación con destacadas figuras del liberalismo español y, finalmente, su entierro en el Cementerio Civil de Madrid, completan el perfil de un hombre cuya trayectoria resulta representativa de toda una generación de juristas e intelectuales comprometidos con los ideales de progreso, libertad de conciencia y modernización del Estado.

Existe además una circunstancia especialmente simbólica. En 1877, siendo todavía un joven escritor, Luis de Moya publicó un poema titulado «El Cementerio», una profunda reflexión sobre la muerte entendida como espacio de paz, memoria y serenidad. Cuarenta años más tarde, sus propios restos encontrarían descanso en el Cementerio Civil de Madrid, cerrando de forma casi poética una vida dedicada al Derecho, la cultura y el servicio público.

Orígenes de una saga liberal

Aunque la figura de Luis de Moya y Jiménez alcanzaría notoriedad por méritos propios, sus primeros pasos estuvieron profundamente condicionados por el ambiente familiar en el que creció. Pertenecía a una destacada familia de juristas e intelectuales vinculada al liberalismo democrático español, circunstancia que contribuyó decisivamente a modelar su formación y su manera de entender el servicio público.

Francisco Javier de Moya y Fernández (1828-1883). Abogado, escritor, diputado, fiscal, senador del Reino e impulsor de la Liga contra la Ignorancia en Madrid. Padre de Luis de Moya y Jiménez.
Por José Suárez, 1869. Fuente: CC Biblioteca Nacional de España

Su padre, Francisco Javier de Moya y Fernández, fue una de las personalidades más relevantes del progresismo madrileño de mediados del siglo XIX. Abogado y escritor, participó activamente en la vida política desde muy joven, formando parte en 1851 del comité directivo del Partido Progresista-Demócrata de Madrid.

A lo largo de su dilatada trayectoria desempeñó responsabilidades de gran relevancia, entre ellas las de diputado a Cortes, conferenciante del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, fiscal togado del Consejo Supremo de la Guerra, fiscal del Tribunal de Cuentas del Reino y, finalmente, senador.

Su compromiso con las ideas reformistas quedó reflejado tanto en su actividad parlamentaria como en su constante participación en los grandes debates de su tiempo. Defensor de la libertad de enseñanza y partidario de la abolición de la pena de muerte, Francisco Javier de Moya perteneció a esa generación de juristas que entendieron el Derecho como un instrumento para la modernización del Estado y el progreso de la sociedad.

Su compromiso con la instrucción pública alcanzó uno de sus momentos más significativos en mayo de 1880, cuando propuso ante la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País implantar en Madrid la Liga contra la Ignorancia, inspirada en el exitoso modelo valenciano. La iniciativa abrió un amplio debate sobre el papel que debía desempeñar la sociedad civil en la extensión de la enseñanza y la alfabetización, convirtiéndose en una de las facetas menos conocidas, pero más representativas, de su pensamiento reformista.

Contrajo matrimonio con Julia Jiménez y Gutiérrez Fajardo, de cuya unión nacieron, entre otros hijos, José de Moya y Jiménez, destacado oficial de la Armada Española que formó parte del equipo elegido por Isaac Peral para el desarrollo del célebre submarino, y Luis de Moya y Jiménez, cuya trayectoria profesional seguiría caminos distintos, aunque igualmente vinculados al servicio público, la cultura y el pensamiento liberal.

A la luz de la documentación conservada, resulta evidente que Luis de Moya no surgió como una figura aislada dentro de la vida intelectual madrileña. Creció en un hogar donde el estudio del Derecho, la literatura, la política y el compromiso cívico formaban parte de la vida cotidiana. Aquella sólida herencia familiar no solo explica la amplitud de sus intereses, sino también la naturalidad con la que, desde muy joven, comenzó a frecuentar periódicos, revistas literarias, instituciones académicas y círculos jurídicos que marcarían el resto de su vida.

Entre Versos y Periódicos

La vocación jurídica de Luis de Moya no eclipsó desde un principio sus inquietudes literarias. Muy al contrario, antes de iniciar su carrera en la Administración de Justicia ya había encontrado un espacio propio en el periodismo y en la literatura, ámbitos en los que desarrolló una intensa actividad durante su juventud.

En la segunda mitad de la década de 1870 figuraba como jefe de redacción de la revista Cádiz, publicación de carácter científico, literario y artístico en cuyas páginas dio a conocer poemas, artículos de costumbres y composiciones de marcado carácter reflexivo. Aquellos primeros trabajos revelan a un joven escritor culto, dotado de una notable sensibilidad literaria y de una sólida formación humanística, muy alejada de la imagen convencional del futuro magistrado.

Entre las composiciones publicadas en aquellos años destaca especialmente «El Cementerio», un poema fechado en Madrid en 1877. En él, Luis de Moya describe el cementerio como un lugar de recogimiento y serenidad, apartado del bullicio del mundo, donde la razón invita a meditar sobre el sentido de la vida y la muerte. Lejos del tono sombrío habitual en buena parte de la literatura romántica, el autor presenta la necrópolis como un espacio de paz, memoria y reflexión, concluyendo con unos versos que, leídos hoy, adquieren un profundo valor simbólico para quien terminaría reposando en el Cementerio Civil de Madrid:

"¡Incertidumbre amarga, dicha incierta,
Todo acaba y empieza en esta puerta!"

«El Cementerio». Oda publicada por Luis de Moya en la revista Cádiz. Núm. 18, 30 de octubre de 1877.

Aquel interés por la literatura no fue un episodio pasajero. Sus colaboraciones periodísticas, sus composiciones poéticas y su participación en diversos actos culturales demuestran que pertenecía a una generación de jóvenes intelectuales para quienes el ejercicio del Derecho resultaba plenamente compatible con el cultivo de las letras. Esa doble vocación, jurídica y humanística, le acompañaría durante toda su vida y terminaría reflejándose tanto en su actividad profesional como en su participación en instituciones culturales y académicas.

En 1879 concluyó sus estudios en la Universidad Central, licenciándose en Derecho Civil y Canónico. Apenas unos meses más tarde participó en una solemne ceremonia académica celebrada en honor del cardenal Cisneros, donde fue elegido para leer una composición poética ante profesores, autoridades y destacados representantes de la vida intelectual madrileña. Aquella intervención confirmaba el prestigio que había alcanzado como joven escritor justo en el momento en que estaba a punto de iniciar el camino que le conduciría definitivamente hacia la magistratura.

Al servicio de la Justicia

Concluida su formación universitaria, Luis de Moya inició una brillante carrera en la Administración de Justicia que, con el paso de los años, le situaría entre los juristas más respetados del Madrid de la Restauración. Su sólida preparación jurídica, unida a su reconocida capacidad intelectual, favoreció un rápido ascenso dentro de la carrera judicial hasta alcanzar la magistratura.

A lo largo de su trayectoria desempeñó diversos destinos como juez de Primera Instancia, ejerciendo finalmente como magistrado de la Audiencia Territorial. Su prestigio profesional quedó igualmente reflejado en su actividad docente como profesor de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, donde contribuyó a la formación de nuevas generaciones de juristas y participó activamente en el estudio y difusión del Derecho.

Su figura alcanzó una especial relevancia dentro del ámbito corporativo al convertirse en presidente de la Asociación de Funcionarios de la Carrera Judicial y del Ministerio Fiscal, institución de la que fue uno de sus principales impulsores y defensores. Desde esta responsabilidad trabajó por la dignificación de la función judicial, la mejora de las condiciones profesionales de jueces y fiscales y el fortalecimiento de la independencia de la Justicia, convirtiéndose en una de las voces más respetadas de la judicatura española de comienzos del siglo XX.

Ministerio de Gracia y Justicia (Madrid, 1876). Desde esta institución se organizaba la Administración de Justicia española durante la Restauración. Bajo su dependencia desarrolló Luis de Moya toda su carrera judicial, desde sus primeros destinos como juez hasta alcanzar la magistratura.  Fuente: Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero (1876).

Paralelamente desarrolló una intensa actividad intelectual, colaborando en publicaciones especializadas y participando en conferencias y debates jurídicos. Su producción escrita revela un profundo conocimiento del Derecho, pero también una permanente preocupación por la función social de la Justicia y por el papel que debía desempeñar el jurista en una sociedad en constante transformación.

Lejos de abandonar las inquietudes humanísticas de su juventud, Luis de Moya supo integrar la sensibilidad del escritor con el rigor del magistrado. Esa combinación de cultura, vocación de servicio y compromiso con la mejora de las instituciones públicas explica el reconocimiento del que disfrutó entre sus contemporáneos y el afecto con que fue recordado tras su fallecimiento.

Cuando murió en febrero de 1918, las esquelas y recordatorios publicados por su familia y por las instituciones jurídicas destacaron, por encima de cualquier otro mérito, su calidad humana, su rectitud profesional y la huella que había dejado entre quienes compartieron con él el ejercicio de la Justicia. No era únicamente un magistrado prestigioso; era también un hombre profundamente respetado por sus compañeros y amigos.

Compromiso Cívico, Librepensamiento y Masonería

La intensa actividad profesional de Luis de Moya y Jiménez nunca le apartó de la vida intelectual. Siguiendo la tradición familiar iniciada por su padre, participó activamente en instituciones y asociaciones que defendían la educación, la cultura y el progreso como instrumentos indispensables para la transformación de la sociedad.

Esa continuidad quedó especialmente reflejada en su vinculación con la Liga contra la Ignorancia, una de las iniciativas más representativas del reformismo liberal español de finales del siglo XIX.

Años antes, en junio de 1880, Francisco Javier de Moya había presidido la comisión organizadora encargada de implantar en Madrid el modelo surgido en Valencia, convencido de que la educación constituía uno de los pilares esenciales del progreso social. La posterior participación de Luis en aquella misma institución constituye un claro ejemplo de la continuidad de un compromiso familiar con la instrucción pública y la difusión del conocimiento que se prolongó a lo largo de dos generaciones.

Su presencia en los círculos culturales y jurídicos madrileños le llevó igualmente a relacionarse con destacadas figuras del pensamiento liberal, entre ellas Miguel Morayta y Sagrario, con quien compartió ideales de libertad de conciencia, defensa de la enseñanza laica y modernización de las instituciones. Aquellos espacios de encuentro reunían a juristas, profesores, escritores y políticos convencidos de que el progreso del país debía sustentarse sobre la razón, el conocimiento y la tolerancia.

En ese mismo contexto debe entenderse también su pertenencia a la masonería. Lejos de constituir una actividad marginal, la masonería española reunió durante la Restauración a numerosos intelectuales, profesionales y hombres públicos comprometidos con los ideales del librepensamiento. Luis de Moya desempeñó relevantes responsabilidades dentro del Gran Oriente de España, llegando a ocupar el cargo de Gran Maestre Adjunto. Durante la crisis institucional que atravesó la obediencia en 1887 intervino activamente en sus órganos de gobierno y formó parte de la comisión encargada de comunicar a Nicolás Salmerón su proclamación como Gran Maestre de la Orden, reflejo del prestigio personal e intelectual del que gozaba entre sus contemporáneos.

Todas estas facetas —jurista, escritor, profesor, librepensador y masón— no fueron compartimentos estancos, sino expresiones de una misma concepción del servicio público. Para Luis de Moya, el Derecho, la educación y la cultura constituían herramientas inseparables para construir una sociedad más libre, más instruida y más justa.

El último viaje al Cementerio Civil

Luis de Moya y Jiménez falleció en Madrid el 14 de febrero de 1918, a los setenta y siete años de edad, poniendo fin a una dilatada trayectoria dedicada al ejercicio de la Justicia, la enseñanza del Derecho y la defensa de los ideales liberales que marcaron toda su vida. Su desaparición fue recogida por la prensa madrileña, reflejo del reconocimiento que había alcanzado como magistrado, jurista y hombre de pensamiento.

Esquela publicada en La Correspondencia de España el 15 de febrero de 1918. (HBNE)

Su entierro tuvo lugar al día siguiente en el Cementerio Civil de Madrid, donde recibió sepultura en el Cuartel 1, Manzana 33, Letra A, según consta en el Libro Registro de Enterramientos. La elección de este lugar de descanso no fue casual. Su trayectoria, profundamente vinculada al liberalismo, al librepensamiento y a la masonería, explica plenamente su presencia en un cementerio concebido como espacio de libertad de conciencia para quienes defendieron ideas y convicciones alejadas de la ortodoxia confesional de su tiempo.

Sepultura de Luis de Moya y Jiménez en el Cementerio Civil de Madrid. Foto: Javier Jara

La figura de Luis de Moya y Jiménez quedó durante décadas prácticamente olvidada, eclipsada por el paso del tiempo y por los profundos cambios políticos y sociales que marcaron el siglo XX. Sin embargo, la recuperación de su trayectoria permite reconocer hoy la dimensión de un hombre que hizo del Derecho, la educación y el servicio público una forma de entender la vida. Magistrado, escritor, profesor y defensor del pensamiento liberal, su biografía constituye también un valioso testimonio de aquella generación de juristas e intelectuales que contribuyó a la modernización de la España de la Restauración. Recuperar su memoria es, en definitiva, devolver al Cementerio Civil una de las voces que forman parte de su propia historia.

"Que la tierra te sea leve"

S.∴ T.∴ T.∴ L.∴

Y nada más, lector amigo.


Fuentes documentales y bibliográficas

Fuentes primarias

  • SFM (Madrid), Libro de enterramientos del Cementerio Civil de Madrid.
  • Registro Civil de Madrid. Inscripción de defunción de Luis Moya y Jiménez.
  • Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España (BNE)
  • Cádiz, 30 de octubre de 1877. Publicación del poema "El Cementerio".
  • La Iberia, noticias relativas a la licenciatura en Derecho de Luis de Moya y Jiménez.
  • La Iberia, junio de 1880. Constitución de la comisión organizadora de "La Liga contra la Ignorancia" en Madrid, presidida por Francisco Javier de Moya.
  • La Correspondencia de España. febrero de 1918. Esquela y noticias del fallecimiento de Luis de Moya y Jiménez.
  • La España Masónica, años 1886-1887. Referencias a Luis de Moya como Gran Maestre Adjunto del Gran Oriente de España, su actividad y la crisis institucional de 1887.

Fuentes secundarias

  • Real Academia de la Historia. Diccionario Biográfico Español. Voz correspondiente a Francisco Javier de Moya y Fernández.
  • Biblioteca Nacional de España- Hemeroteca Digital.
  • Archivo Histórica de la Necrópolis del Este de Madrid. Investigación y recopilación documental realizada por la Asociación Histórica Cementerios (AHC).

Material gráfico

  • Retrato de Luis Moya y Jiménez, restauración digital realizada a partir de fotografía histórica.
  • Retrato de Francisco Javier de Moya y Fernández, procedente de la Real Academia de la Historia.
  • Grabado del Ministerio de Gracia y Justicia, tomado de la Guía de Madrid. Manual del madrileño y del forastero (1876).
  • Fotografías actuales de la sepultura de Luis Moya y Jiménez. Archivo Histórico de la Necrópolis del Este de Madrid de la Asociación Histórica Cementerios (AHC).

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