Amelia y Marina Mangada: entre la memoria de un padre y el Cementerio Civil de Madrid

El ECO EN ESPERANTO BAJO LA PIEDRA

Entre la memoria de un padre y el Cementerio Civil de Madrid.

Amelia y Marina
Mangada Sanz
∞ Madrid, 1930  – ∞ Madrid, 1933
Escudo del Cementerio Civil de Madrid
Cuartel 5 – Manzana 44 – Letra B
#necrológicasdelcivil
«Mis queridísimas hijas han partido de este mundo hacia el etéreo, hacia el mundo espiritual, tan misterioso.
¡La muerte ha destrozado sus vidas!»

La voz que atraviesa estas páginas es la de Julio Mangada Rosenörn, coronel condecorado del Ejército de la República, escritor, esperantista y masón.

Julio Mangada Rosenörn y Josefa Sanz Acón, padres de Amelia y Marina.

Amelia kaj Marina

Cuando en 1934 Julio Mangada publicó Amelia kaj Marina, sus dos hijas ya habían muerto. De ellas solo quedaban fotografías, sus nombres y el recuerdo de un padre que quiso volver a reunirlas en aquellas páginas escritas íntegramente en esperanto. No estamos ante una biografía escrita desde la distancia, sino ante la mirada de un padre que, al escribir, parece tenerlas todavía delante. Ese es el verdadero valor de Amelia kaj Marina: casi un siglo después, podemos acercarnos a ellas no como dos nombres grabados sobre una piedra, sino a través de los ojos de quien las conoció antes del silencio.

Amelia: el justo orgullo

Amelia Mangada Sanz nació en Melilla el 24 de mayo de 1903. Fue maestra nacional y vinculó su vida profesional a la enseñanza, afiliándose en 1928 a la Agrupación Socialista de Madrid y a la UGT. Más tarde solicitó la excedencia del Magisterio para trabajar en las escuelas de la Fundación Cesáreo del Cerro, vinculadas a la Casa del Pueblo de Madrid.

Más allá de los datos de archivo, el retrato que traza Julio es íntimo y revelador. El poema que le dedica comienza con una declaración sencilla: «era mi justo orgullo». Mangada habla de su dedicación a la enseñanza y de su empeño en educar a los niños lejos del odio y la cólera. Fraternidad, ayuda a quien cae y amor por la naturaleza forman también parte del retrato que hace de su manera de enseñar. Después describe su cabello negro y abundante, la frente amplia y serena, los grandes ojos negros, la sonrisa y el rostro ovalado. Después aparece el carácter: inteligencia, firmeza, lealtad, seriedad, bondad y valor.

El padre que unas páginas antes había descrito su rostro y su carácter, ahora contaba sus últimos instantes. Amelia tenía veintisiete años.

Amelia Mangada Sanz. (1903-1930)

Amelia llevaba meses enferma. El 29 de noviembre de 1930, a las cinco de la mañana, Amelia estaba muriendo. En el silencio de la madrugada, apenas se escuchaba el llanto de su padre y la voz cada vez más débil de su hija: «Papá, papá, me muero... ¡me muero!». Mangada cuenta que Amelia lo miraba con cariño mientras la luz de sus ojos se apagaba y sus pupilas comenzaban a perder su brillo. Entonces recibió su último aliento. «Sentí en mi corazón una herida aguda y profunda», escribió. No hay mucho más que añadir a esas palabras.

Marina: la sensibilidad y el símbolo

En las páginas que Julio Mangada dedicó a Marina, primero aparece su rostro. La recuerda con el cabello negro, enmarcando un rostro redondo; las mejillas con el color de las flores frescas y unos ojos negros, brillantes, que miraban con calidez. Habla de su sonrisa, de sus labios rojos y de sus dientes blancos. Después baja hasta su figura: una mujer de estatura media, elegante, de cintura flexible y manos delicadas.

Pero el retrato no termina en su apariencia. Julio la recuerda humilde y valiente, sensata y culta, gentil, elegante sin vanidad, naturalmente seria, pero con buen humor. Dice que tenía una percepción muy clara y que no era indiferente ante el dolor ajeno. 

Marina Mangada Sanz. ( 1933)

Tocaba el piano. Y después, Julio habla de sus ideas. La llama bolchevique. Escribe que odiaba al tirano y que el Socorro Rojo Internacional tenía un lugar especial en su corazón. Y cuando habla de sus símbolos, aparecen la hoz y el martillo y la estrella roja de cinco puntas. «He aquí su símbolo», escribe Julio.

El 18 de marzo de 1933, Marina tenía veinticuatro años. Aquella mañana, Julio la imaginaba cantando. Pero a las diez, un disparo rompió de pronto el silencio. Julio salió corriendo hacia ella. La encontró pálida, con las manos sobre el pecho, y la sostuvo entre sus brazos. Sobre la piel blanca comenzaba a formarse una mancha de sangre alrededor de la herida. Josefa acudió también. Entonces Marina habló: «Papá, mamá, me he matado». La llevaron al hospital y durante varias horas los médicos hicieron todo lo posible por salvarla. Pero todo fue inútil. Marina murió aquella misma tarde.

Después llegó para su padre otra imagen que tampoco pudo olvidar: el cuerpo de Marina trasladado a una sala común del hospital, depositado sobre una fría mesa de piedra. Julio no pudo soportar aquella visión y salió de allí. Marina se había disparado a sí misma. En medio de aquel dolor, su padre buscó también una explicación para aquella decisión y la encontró en el amor: «¿Por qué te mató el amor por un hombre tan desleal?», se preguntaba. 


Entierro de Amelia

El libro histórico de registro del Cementerio Civil de Madrid sitúa a Amelia Mangada Sanz en el cuartel 5, manzana 44, letra B, donde fue inhumada el 29 de noviembre de 1930. La lápida que la custodia conserva su nombre, las fechas que marcan su vida —1903-1930— y su vocación: «Maestra Nacional». En el centro de la estela, un medallón circular reproduce su rostro de perfil y contiene la misma imagen que, cuatro años después, Julio Mangada elegiría para ilustrar Amelia kaj Marina: una fotografía en la que ella aparece retratada, peinada con flores y elegancia, bajo el sencillo título de «Amelia».

Sepultura de Amelia Mangada. Cementerio Civil de Madrid. (Amelia kaj Marina • 1934)

«Amelia»

Entierro de Marina

El 20 de marzo de 1933, los restos de Marina Mangada fueron trasladados al Cementerio Civil de Madrid. Su despedida no pasó inadvertida: El Heraldo de Madrid la describió como «una verdadera manifestación de duelo», destacando las muestras de afecto y simpatía hacia su padre, Julio Mangada.

Entre quienes acompañaron el cortejo se encontraban numerosas personalidades del Ateneo, entre ellas Ramón del Valle-Inclán. Los ateneístas hicieron llegar a la familia diversos ramos de flores como último homenaje. Junto a ellos participaron también un general de brigada y un numeroso grupo de jefes y oficiales del Ejército. El duelo estuvo presidido por el propio Julio Mangada y su hijo Luis.

Marina fue enterrada en la misma sepultura que ya ocupaba su hermana Amelia.

Epitafio sepultura de Marina Mangada Sanz. Cementerio Civil. •J.Jara 2026•

Sepultura de Amelia y Marina Mangada Sanz en la actualidad. Cementerio Civil. •J.Jara 2026•

Hoy, casi un siglo después, la sepultura conserva todavía los nombres de las dos hermanas. La piedra ha envejecido, el retrato de Amelia permanece en la cabecera y el lugar sigue guardando la memoria de aquellas dos mujeres sobre las que Julio Mangada quiso dejar testimonio en las páginas de Amelia kaj Marina

Y nada más, lector amigo.    
Javier Jara

Fuentes consultada
Archivo de la Necrópolis del Este de Madrid
· Libro de Enterramientos del Cementerio Civil de Madrid. Registros correspondientes a Amelia Mangada Sanz (29 de noviembre de 1930) y Marina Mangada Sanz (20 de marzo de 1933).
Publicaciones
· Mangada Rosenörn, Julio. Amelia kaj Marina. Madrid, 1934. Obra original escrita en esperanto.
· El Heraldo de Madrid, 21 de marzo de 1933. Información sobre el entierro de Marina Mangada y la presencia de personalidades del Ateneo, entre ellas Valle-Inclán.
· El Liberal, 19 de marzo de 1933. Información sobre la muerte de Marina Mangada.
· La Libertad, 30 de noviembre de 1930. Necrológica de Amelia Mangada.
Fuentes biográficas
· Real Academia de la Historia. Diccionario Biográfico electrónico, voz «Julio Mangada Rosenörn».
Material gráfico
· Fotografías de la familia Mangada - Sanz y sepultura (1934), publicadas en Amelia kaj Marina (1934)
· Fotografías actuales de la sepultura de Amelia y Marina Mangada Sanz, Cementerio Civil de Madrid, Javier Jara. Archivo de la Asociación Histórica Cementerios (AHC).

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