Antonio Sánchez Pérez (1842-1912): periodista, catedrático y gobernador republicano

Antonio Sánchez Pérez fue una de esas figuras cuya dimensión humana llegó a eclipsar incluso una trayectoria intelectual extraordinaria. Periodista, escritor, catedrático y político republicano, quienes le conocieron coincidieron en destacar, por encima de todos sus méritos, la extraordinaria calidad humana que lo definía. No es casual que, tras su fallecimiento, la prensa le definiera como «la personificación de la bondad». En el Madrid de finales del siglo XIX, su figura era una constante de integridad; un trabajador incansable que, según recordaba con cariño José Nakens en El Motín, fue «inteligente como pocos, trabajador como el que más y bueno cual ninguno».
Su mayor legado no quedó únicamente en el papel, sino también en el recuerdo imborrable de sus alumnos. En el momento de su fallecimiento era catedrático de Matemáticas del Instituto de San Isidro. Desde que iniciara su carrera docente en 1863, ejerció la enseñanza en distintos centros y llegó a dirigir la Escuela de Ingenieros Industriales, donde impartió diversas disciplinas técnicas. Su benevolencia llegó a ser legendaria. El diario El País recordaba que «como profesor, jamás suspendió á un alumno». No se trataba de falta de rigor, sino de una firme convicción pedagógica. Él mismo defendía que la segunda enseñanza debía servir para despertar y orientar las distintas vocaciones, preguntándose: «¿con qué derecho hemos de suspender al que no tenga aptitud para dominar las matemáticas, privándole de estudiar lenguas, historia, literatura... aquello que cuadre con sus aficiones y con su manera de ser?».
Aquella misma integridad se reflejó también
en su trabajo periodístico. La prensa de la época calificó su estilo de «claro,
correcto, puro, milquérrimo», destacando que era refractario «a lo torpe, a lo
bajo, a lo chocarrero y al insulto personal». Cuando sus compañeros de
profesión le llamaban «maestro», Antonio sonreía y respondía con la modestia
que le caracterizaba: «Maestro, sí; pero de matemáticas». No fue hombre de una
sola cabecera. Su firma apareció con frecuencia en algunos de los principales
periódicos españoles de su tiempo. Fundó y dirigió publicaciones tan destacadas
como El Solfeo, donde se reveló un joven
Leopoldo Alas «Clarín»; El
Maestro Ciruela, El
Tío Paco, Jaque Mate y
otras muchas que hicieron de él una de las figuras más respetadas del
periodismo republicano.
La política como servicio público
La integridad que caracterizó su vida
privada y profesional tuvo también reflejo en su trayectoria política.
Republicano federal desde 1868 y hombre de la máxima confianza de Francisco Pi
y Margall, durante la Primera República fue nombrado gobernador civil de Huelva
y, posteriormente, de Valencia. En ambas provincias dejó el recuerdo de un
administrador honrado, prudente y conciliador.
En Huelva, la prensa de la época destacó que
logró resolver los conflictos obreros sin recurrir al uso de la fuerza,
ejerciendo la autoridad desde el diálogo y la serenidad. En Valencia, su
gestión fue calificada de «honradísima» y orientada siempre al «apaciguamiento
de los espíritus», en unos momentos especialmente complejos para la vida
política española.
Tras la caída de la República permaneció
fiel a sus ideales federales y continuó defendiéndolos desde la prensa y la
escritura. Sin embargo, rechazó sistemáticamente cualquier aspiración política
personal. Como recordaba la prensa tras su fallecimiento, «rehuyó siempre
figurar en candidaturas para concejal o diputado a Cortes, aunque mil veces fue
solicitado por sus correligionarios», prefiriendo servir a la República desde
la enseñanza y el periodismo antes que desde los cargos públicos.
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| Antonio Sánchez Pérez. Ilustración de Manuel Tobar, «Don Hermógenes» Don Quijote (19/09/1902) |
La casa mortuoria y el último viaje
La noche del 19 de junio de 1912, a las
diez y media, fallecía en Madrid Antonio Sánchez Pérez. La casa mortuoria quedó
instalada en la calle Duque de Alba, n.º 11, donde durante las horas siguientes
comenzaron a desfilar familiares, amigos, compañeros de profesión, antiguos
alumnos y destacadas personalidades del mundo político, periodístico y cultural
para rendirle un último homenaje. Entre quienes acudieron figuraban el
presidente de la Asociación de la Prensa, Miguel Moya; Joaquín Pi y Arsuaga y
la actriz María Tubau, intérprete de varias de sus obras teatrales.
La desaparición de Sánchez Pérez dejó
también al descubierto una realidad que pocos conocían. A pesar de haber sido
gobernador civil, catedrático y uno de los periodistas más respetados de su
tiempo, murió sin bienes de fortuna. La Asociación de la Prensa hubo de hacerse
cargo de los gastos del entierro, mientras su viuda y una hermana ciega
quedaban en una situación económica desesperada.
La conducción del cadáver hasta el
Cementerio Civil constituyó una sentida manifestación de duelo. El féretro
aparecía cubierto por la bandera de la Juventud Republicana Federal, mientras
que sobre la carroza se colocaron el estandarte de la sociedad El Libre
Pensamiento y una corona de hiedra enviada por su viuda. La presidencia del
duelo estuvo integrada por representantes del Instituto de San Isidro, de la
Asociación de la Prensa, de la familia del fallecido, del Consejo Federal y de
El Nuevo Régimen. Tras ellos marchaban profesores, periodistas, republicanos
federales y una nutrida representación de antiguos alumnos, cuya presencia fue
destacada por la prensa como una de las notas más emotivas del entierro.
El duelo se despidió oficialmente en la
plaza de Manuel Becerra. Sin embargo, la mayor parte de los asistentes continuó
hasta el Cementerio, donde, poco después de las doce,
recibió sepultura. Al informar del sepelio, El Nuevo
Régimen resumió su trayectoria con una expresión difícilmente mejorable,
definiéndolo como «el maestro de periodistas, de republicanos y de la juventud
estudiosa».
| Sepultura de Antonio Sánchez Pérez • Cementerio Civil de Madrid • Fotografía: Jara |
José Nakens, que había acompañado el cortejo desde la salida de la casa mortuoria y presenciado cómo el ataúd era colocado sobre el carro fúnebre, evocó días después en El Motín, aquella escena con profunda emoción. Tras lamentar que la Asociación de la Prensa hubiera tenido que costear el entierro, denunció también la ausencia de las principales figuras del republicanismo, escribiendo que «ninguna eminencia del republicanismo concurrió á su entierro». Cerró su artículo con un juicio que resume mejor que ningún otro la huella dejada por Antonio Sánchez Pérez:
«La Honradez. La Dignidad.
La Bondad. La Inteligencia. El Trabajo. Que todos han perdido mucho con la
muerte de Sánchez Pérez.»
Y nada más, lector amigo.

• El Nuevo Régimen, Madrid, edición del 20 y 30 de junio de 1912.
• La Bander Federal, Madrid, edición del 25 de junio de 1912.
• La Época, Madrid, edición del 20 de junio de 1912. • El Motín, julio 1912.
• Fotografía de la sepultura de Emilio Obón Llerandi en el Cementerio Civil de Madrid. Fotografía: Javier Jara.


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