José María de la Torre Murillo: el republicano cuyo entierro civil reunió a sus adversarios

José María de la Torre Murillo
Político republicano federal
y concejal del Ayuntamiento de Madrid

Sevilla, 27 de julio de 1851  Madrid, 8 de mayo de 1911

Separador decorativo
Cuartel 2 – Manzana 34 – Letra B

~ #necrológicasdelcivil ~
Javier Jara

En el Madrid de comienzos del siglo XX, un entierro podía convertirse en una manifestación pública de identidad política. Para el republicanismo, la muerte de uno de sus hombres podía sacar a la calle a sus organizaciones, sus representantes y a sus seguidores. El cortejo fúnebre se convertía así en una expresión pública de adhesión a unas ideas y, al mismo tiempo, en una forma de reivindicar el espacio civil frente al ritual funerario católico.

Los entierros civiles fueron adquiriendo de este modo una dimensión que iba mucho más allá de la despedida privada del fallecido. La multitud, las banderas, las corporaciones, los discursos y el recorrido hasta el cementerio formaban parte de una escenificación pública de esas convicciones. En Madrid, algunos de estos entierros llegaron a convertirse en auténticas manifestaciones políticas.

El entierro de José María de la Torre Murillo fue uno de esos casos.

El 10 de mayo de 1911, El País afirmaba que no recordaba, desde el entierro de Pi y Margall, «otro duelo civil más sentido» ni con mayor número de correligionarios.

¿Quién era aquel hombre para que su muerte provocara semejante movilización?

José María de la Torre Murillo pertenecía a la vieja tradición del republicanismo federal. Había ingresado en el Partido Federal siendo muy joven y había participado en el movimiento cantonal de 1873, una experiencia que le costó la cárcel y estuvo a punto de llevarle al destierro a Fernando Poo. Décadas después, seguía defendiendo las ideas de Pi y Margall y ocupaba el cargo de tesorero del Consejo Federal.

Su actividad política acabaría teniendo en Madrid uno de sus principales escenarios. En las elecciones municipales de mayo de 1909 fue elegido concejal por el distrito de Latina, junto a los republicanos Joaquín Dicenta y Silvestre Abellán.

José Torre Murillo, Joaquín Dicenta y Silvestre Abellán. concejales
por el distrito de Latina, El País, 5-5-1909.

Con su llegada al Ayuntamiento de Madrid comenzó una nueva etapa de su trayectoria política. Torre Murillo no tardó en implicarse en una de las cuestiones que más movilizaban entonces a los republicanos: el impuesto de Consumos.

En 1910 formó parte de la comisión municipal encargada de estudiar su supresión. Pero Torre Murillo no se limitó a reclamar su desaparición: preparó también un proyecto para sustituirlo por otro sistema de contribución, basado en los recursos de cada vecino.

Para estudiar su propuesta había impulsado una oficina que ya reunía más de 140.000 fichas.

La ley finalmente se promulgó el 12 de junio, apenas cinco semanas después de su muerte. Torre Murillo no llegó a verla.

En el Ayuntamiento mantuvo además una estrecha relación de trabajo con los concejales socialistas. Federales y socialistas se reunían antes de las sesiones para estudiar los asuntos que iban a debatirse, y Torre Murillo, según recordaría uno de sus compañeros después de su muerte, no faltó nunca a aquellas reuniones. Era, decía, un hombre asiduo, formal y serio. 

La enfermedad que padecía desde hacía algunos días tuvo un triste desenlace. José María de la Torre Murillo murió en Madrid el 8 de mayo de 1911. Tenía cincuenta y nueve años.

Al día siguiente, desde mucho antes de las cuatro de la tarde, la calle de Bordadores comenzó a llenarse de personas que acudían a acompañarle. Por el zaguán de la casa donde había muerto pasaron republicanos madrileños, socialistas y personas de todas las clases sociales. Los pliegos de firmas se llenaban mientras crecía la multitud.

La comitiva tuvo que organizarse con dificultad. A la cabeza marchaba una sección de la Guardia Municipal montada. Detrás, en dos largas filas, iban empleados municipales, barrenderos, trabajadores de Vías Públicas, Parques y Jardines y el Cuerpo de Bomberos, todos de uniforme. Después aparecía el féretro, llevado a hombros por jóvenes federales.

Sobre el ataúd iban las banderas de la Juventud Federal y del Consejo Regional Federalista de Castilla la Nueva. Los jóvenes del partido se relevaban para llevarlo hasta la Puerta de Alcalá, donde fue colocado en el coche mortuorio. Detrás marchaban los niños de las escuelas y talleres del Asilo de la Paloma y del Colegio de San Ildefonso, vestidos de gala.

La presidencia del duelo estaba formada por el alcalde de Madrid, Francos Rodríguez; Félix de la Torre, por el Consejo Nacional Federalista; Francisco Pi y Arsuaga, por los diputados a Cortes por Madrid; y un familiar del fallecido. Inmediatamente después marchaban las corporaciones y representaciones oficiales.

Estaban allí diputados a Cortes, diputados provinciales y todos los concejales del Ayuntamiento, incluidos los representantes de la Defensa Social. La Banda Municipal acompañó el recorrido hasta la Puerta de Alcalá interpretando marchas fúnebres. Dos coches cargados de coronas cerraban aquella parte de la comitiva.

Pero aquello era solo una parte del cortejo. Detrás de las corporaciones avanzaba el pueblo. El País destacaba que allí estaba representada «la mayor parte, y la más notable» del republicanismo madrileño. Había representantes de la Unión Republicana, de los Ayuntamientos de Barcelona y Valencia y una nutrida representación socialista. Todo el Partido Federal, los viejos y los jóvenes, estaba allí.

La magnitud de la despedida llegó a afectar incluso a la circulación: los coches formaron largas filas en la calle de Alcalá y el paso de los tranvías quedó interrumpido durante largo rato por la afluencia de público.

El duelo oficial se despidió en la plaza de Manuel Becerra, pero la mayor parte de los acompañantes continuó hasta el Cementerio Civil, en coches y a pie. El féretro fue llevado hasta la sepultura por varios jóvenes federales. Allí llegó también el veterano republicano José María Esquerdo. Después de dar tierra al cadáver, Francisco Pi y Arsuaga pronunció un breve discurso en el que ensalzó las virtudes de Torre Murillo. Félix de la Torre Eguía, profundamente emocionado, apenas pudo pronunciar unas palabras de agradecimiento.

Y hasta el Cementerio Civil llegaron también el alcalde, el secretario del Ayuntamiento, todos los concejales y los jefes y empleados municipales. El País destacaría especialmente la conducta de los concejales monárquicos y, en particular, la de los conservadores y los representantes del Centro de Defensa Social, un organismo católico con presencia en la política municipal madrileña, que habían acompañado hasta la sepultura a quien había sido su compañero de Corporación pese a haber estado separados de él en vida por ideales «tan distintos y contradictorios».

Su presencia provocó una reacción inmediata en la prensa católica. El Siglo Futuro calificó de «escándalo» que aquellos concejales hubieran asistido a un entierro civil y, además, se hubieran sumado a los elogios dedicados al fallecido.

El asunto llegó hasta el propio Centro de Defensa Social. Su presidente, el señor Bahía, pidió explicaciones a los dos concejales, que reconocieron haber acudido al entierro y haber participado en los actos posteriores. Su explicación fue sencilla: lo habían hecho «por una mera consideración de compañerismo», sin haber tenido tiempo de consultar previamente al Centro.

Pero la polémica no terminó ahí.

La explicación no convenció a El Siglo Futuro. El periódico consideró insuficiente aquella «mera consideración de compañerismo» y volvió sobre el asunto unos días después.

Pero para entonces los concejales de la Defensa Social habían hecho algo más. Se habían unido al resto de sus compañeros del Ayuntamiento para apoyar que una de las nuevas calles de Madrid llevara el nombre de José Torre Murillo.

Días después, la Juventud Federal organizó en el Centro Federal una velada necrológica en su memoria. Hubo adhesiones desde distintos puntos de España y varios oradores recordaron su trayectoria política y su labor municipal. Entre ellos intervino el concejal socialista García Quejido, que recordó el trabajo conjunto de socialistas y federales en el Ayuntamiento.

Félix de la Torre volvió allí sobre el entierro. Para él, la presencia de los representantes de la Defensa Social en el Cementerio Civil demostraba que, cuando un ideal estaba encarnado en un hombre íntegro y respetado, podía llegar incluso a quienes no compartían aquellas ideas.

Y quizá esa fuera la mejor prueba de la dimensión que había alcanzado la figura de Torre Murillo: su muerte había reunido en torno a su memoria a republicanos, socialistas y también a quienes habían estado políticamente alejados de él.

Aquel entierro había sido mucho más que una despedida.

Y nada más, lector amigo.

Sepultura de José María de la Torre Murillo. Cementerio Civil de Madrid.

FUENTES

PRENSA HISTÓRICA

El Liberal, 9 de mayo de 1911. Necrológica de José María de la Torre Murillo y referencias a su trayectoria política y actividad municipal.

El País, 10 de mayo de 1911. Crónica del entierro de José María de la Torre Murillo, con información sobre el cortejo, las autoridades y corporaciones asistentes y la llegada al Cementerio Civil.

El País, 14 de mayo de 1911. Crónica de la velada necrológica celebrada en el Centro Federal en memoria de Torre Murillo.

El Siglo Futuro, mayo de 1911. Información sobre la polémica provocada por la asistencia de los concejales de la Defensa Social al entierro civil y las explicaciones posteriores.

Heraldo de Madrid, mayo de 1909. Resultados definitivos de las elecciones municipales en el distrito de Latina.

ESTUDIOS Y BIBLIOGRAFÍA

Óscar Anchorena Morales, «La sociedad civil democrática en acción: el republicanismo en el Madrid de la Restauración (1875-1923)», Espacio, Tiempo y Forma. Serie V, Historia Contemporánea, n.º 28, 2016, pp. 73-94.
Consultar estudio

Pierre Géal y Pedro Rújula (coords.), Los funerales políticos en la España contemporánea. Cultura del duelo y usos públicos de la muerte, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2023. Especialmente el capítulo de Óscar Anchorena Morales, «Republicanos: ocupación del espacio público y construcción simbólica democrática», pp. 181-203.
Consultar avance de la obra

DOCUMENTACIÓN MUNICIPAL

Ayuntamiento de Madrid – Memoria de Madrid. Acuerdo municipal de 18 de febrero de 1910, en el que José María de la Torre Murillo figura entre los miembros de la comisión encargada de estudiar la supresión del impuesto de Consumos.
Consultar documento

DOCUMENTACIÓN DEL CEMENTERIO CIVIL

Libro de enterramientos del Cementerio Civil de Madrid. Fuente primaria utilizada para documentar el enterramiento de José María de la Torre Murillo.  • FamilySearch • (SFM).

Fotografías de la sepultura de José María de la Torre Murillo. Realizadas por Javier Jara durante la investigación.
Archivo Histórico de Cementerios (AHC).

DOCUMENTACIÓN GRÁFICA

Fotografía de José María de la Torre Murillo. El Liberal, 9 de mayo de 1911. Imagen utilizada en la cabecera de esta entrada.

Joaquín Dicenta, José María de la Torre Murillo y Silvestre Abellán. El País, 5 de mayo de 1909. Retratos publicados con motivo de su elección como concejales por el distrito de Latina.

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